La Zona Arqueológica de Ichkabal llegó a su primer aniversario abierta al público con una cifra que cambia la conversación sobre el sur de Quintana Roo: más de 38 mil personas la visitaron desde enero de 2025, de acuerdo con el INAH. Para una entidad donde la mirada turística suele concentrarse en la costa norte, Bacalar y su entorno patrimonial empezaron a ocupar un lugar distinto en la ruta cultural de la península.
El programa conmemorativo, anunciado para realizarse del 27 de enero al 8 de febrero de 2026, incluyó una exposición fotográfica, conferencias, observación astronómica, carreras recreativas y recorridos guiados. La muestra “Ichkabal ante los ojos del mundo” se instaló en el Museo Regional de la Costa Oriental, en Tulum, con veinte imágenes del sitio. Esa decisión conectó dos territorios: el museo que recibe públicos de la franja turística y la zona arqueológica ubicada en el municipio de Bacalar.
Ichkabal no es un sitio menor en términos históricos. El INAH señala que su apogeo poblacional ocurrió entre los años 200 y 600 de nuestra era. Su nombre, asignado en 1995 cuando arqueólogos llegaron al lugar acompañados por guías locales, significa “entre bajos”, en referencia al terreno de depresiones y zonas bajas del sur quintanarroense. La apertura al público, realizada el 13 de enero de 2025, fue resultado de trabajo coordinado entre el instituto y autoridades ejidales, con un convenio sobre 113 hectáreas que incluye el área nuclear.
Ese dato ejidal es central. Muchas zonas arqueológicas se narran como descubrimientos técnicos, pero su acceso cotidiano depende de acuerdos territoriales, caminos, servicios y participación local. En el caso de Ichkabal, la habilitación se integró al Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas y elevó a 194 el número de sitios patrimoniales prehispánicos abiertos a visita pública en México, según el comunicado de 2025. El aniversario, por tanto, celebró tanto la investigación como la gestión social que permitió recibir visitantes.
La agenda de 2026 buscó una divulgación más amplia que la visita rápida. Las conferencias y recorridos guiados ayudan a explicar por qué las estructuras no deben mirarse sólo como ruinas monumentales. La observación astronómica, cuando se vincula con contexto histórico y no con frases fáciles, puede abrir preguntas sobre paisaje, orientación, ciclos agrícolas y formas de conocimiento. Las carreras recreativas y actividades familiares, por su parte, acercan públicos que quizá no entrarían por una charla académica.
El reto para Ichkabal será crecer sin perder control de conservación. La zona mantiene un acceso temporal gratuito, de acuerdo con la información de apertura, y puede visitarse todos los días en horario diurno. Ese atractivo debe acompañarse de límites claros: senderos, señalética, manejo de residuos y respeto a estructuras que apenas comienzan a incorporarse a la experiencia pública. Un aniversario con 38 mil visitantes no agota la historia del sitio; marca el inicio de una etapa en la que Bacalar puede distribuir mejor los beneficios del turismo cultural y, al mismo tiempo, cuidar una memoria maya que sigue bajo estudio arqueológico, ambiental, territorial y comunitario.


