En Urandén, la Noche de Muertos de 2025 empezó antes del 1 de noviembre. El gobierno de Michoacán informó que la comunidad abrió representaciones en los Manantiales de Urandén del 24 al 26 de octubre y nuevamente del 31 de octubre al 2 de noviembre, con canoas, pescadores y canales iluminados. Más que un atractivo nocturno, el formato mostró una decisión importante: colocar a la comunidad como anfitriona y beneficiaria directa de la visita.
La Secretaría de Turismo estatal detalló que las funciones iniciales se programaron a las 19:00 y 20:45 horas, y que para el 1 de noviembre se prepararon tres presentaciones: 19:00, 20:30 y 22:00 horas. Ese mismo día se anunció un Festival de Música Tradicional y Danzas en el parador turístico de Urandén. Las cuotas difundidas, 50 pesos de entrada y 30 pesos de estacionamiento, fueron presentadas como ingresos directos para la comunidad. En una celebración que suele atraer grandes flujos de visitantes, ese punto no es menor.
La Noche de Ánimas en la ribera del lago de Pátzcuaro tiene una visibilidad internacional que a veces simplifica lo que ocurre en tierra. Las velas, los arcos, las flores y las embarcaciones son la parte visible de un trabajo que inicia días antes: cocina, barro, cera, madera, papel, música, rutas de traslado y acuerdos de cuidado con los panteones y los muelles. La programación turística de Michoacán para 2025 incluyó actividades en Pátzcuaro, Janitzio, Quiroga y otras localidades, con tianguis artesanal, desfiles, altares y presentaciones artísticas.
La diferencia de Urandén fue el énfasis en los canales. La imagen de las canoas iluminadas funciona porque conecta paisaje y memoria: el agua no es escenografía, sino medio de vida, tránsito y trabajo. Al incorporar a pescadores y músicos en horarios definidos, la comunidad pudo ordenar la experiencia sin dejarla a la improvisación de la multitud. Esa organización también ayuda a reducir presiones sobre espacios sensibles, un tema frecuente durante las noches de mayor afluencia en la zona lacustre.
El calendario regional dejó otra lectura: la celebración no depende de un solo punto famoso. Pátzcuaro y Janitzio concentran atención, pero los talleres y representaciones en comunidades cercanas distribuyen la visita y permiten que más oficios sean visibles. Una persona puede llegar por la velación y descubrir cómo se hacen piezas de barro, papel picado o alimentos de temporada; otra puede acudir a una función en los canales y luego caminar por un tianguis artesanal. Esa diversidad le da profundidad a una tradición que no necesita exagerarse para ser poderosa.
El desafío para próximas ediciones será sostener esa escala comunitaria. Cuando una tradición se vuelve destino turístico, aparecen tensiones por precios, movilidad, respeto a los rituales y uso de imágenes. La información oficial de 2025 mostró un camino razonable: fechas claras, horarios específicos, cuotas transparentes y actividades donde la derrama se queda en las localidades. Urandén no compitió con Janitzio; recordó que el lago entero tiene memoria, trabajo, hospitalidad, organización vecinal y voz propia durante la temporada más observada del año.


