El Encuentro de Jaraneros y Decimistas volvió a situar a Tlacotalpan como una plaza clave para el son jarocho. De acuerdo con el Sistema de Información Cultural, la edición registrada se realizó del 31 de enero al 2 de febrero de 2026, con sede en la ciudad veracruzana. La ficha oficial recuerda que el encuentro existe desde 1979 y reúne conciertos, fandangos, talleres, conferencias, venta de artesanías y muestra gastronómica.
La sede importa tanto como la cartelera. Tlacotalpan fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1998 y su traza ribereña crea una relación directa entre música, calles y río. En la Plaza de Doña Martha y el Parque Zaragoza, los fandangos no funcionan como números aislados: son espacios de escucha, zapateado, improvisación y convivencia.
El componente formativo es una de las fortalezas del encuentro. Los talleres de composición, interpretación de instrumentos regionales y cultura jarocha ayudan a que la tradición no dependa sólo de presentaciones terminadas. Una décima se aprende oyendo, pero también practicando métrica, memoria y respuesta. La jarana y el requinto requieren manos, paciencia y comunidad.
La organización involucra al Grupo Siquisirí, la Casa de la Cultura Agustín Lara, el Ayuntamiento de Tlacotalpan y el Instituto Veracruzano de la Cultura. Esa red explica por qué el encuentro ha sostenido continuidad por décadas. No se trata únicamente de programar artistas, sino de proteger una forma de reunión que combina fiesta patronal, patrimonio urbano y transmisión musical.
En tiempos de consumo cultural rápido, Tlacotalpan ofrece una lección distinta: la música regional vive cuando hay lugar, fecha, oficio y conversación entre generaciones. El encuentro de 2026 mantuvo esa cadena abierta y volvió a dar valor a los espacios donde el aprendizaje sucede mirando, escuchando, tocando y respondiendo en comunidad, sin separar fiesta, formación, memoria ribereña y pertenencia local.


