El Festival Alfonso Ortiz Tirado volvió a ocupar las calles y foros de Álamos del 23 al 31 de enero de 2026. El Instituto Sonorense de Cultura presentó la edición 41 como un encuentro gratuito dedicado al bel canto, pero la programación también abrió espacio a conciertos populares, talento sonorense y expresiones de pueblos originarios. En un pueblo mágico de calles estrechas y plazas históricas, esa mezcla define buena parte de su carácter.

El festival nació en 1985 a partir de un recital en el Museo Costumbrista de Sonora, concebido para recordar al médico y tenor alamense Alfonso Ortiz Tirado. Con los años, la cita se volvió una política cultural estable: nueve días de programación en el Palacio Municipal, el Callejón del Templo, la Alameda, el Museo Costumbrista, el Templo de la Purísima Concepción y otros espacios públicos.

Para 2026 se anunció la entrega de la Medalla Alfonso Ortiz Tirado a la soprano Ailyn Pérez, además de la presencia de voces como María Katzarava, Filippa Giordano, Ainhoa Arteta y Ariadne Montijo. En paralelo, el foro masivo del Callejón del Templo sumó nombres de música popular. Esa convivencia evita que la ópera quede encerrada en un circuito especializado y permite que públicos distintos compartan el centro de Álamos.

Un punto significativo fue La Ramada: Casa de los Pueblos Originarios, espacio destinado a expresiones culturales de etnias sonorenses. En un festival con prestigio vocal, esa presencia ayuda a recordar que la música del estado no se reduce a escenarios formales. También hay transmisión oral, gastronomía, lenguas y formas comunitarias de reunión.

La gratuidad es parte del impacto. El FAOT atrae visitantes, mueve hospedaje y consumo local, pero también ofrece a la población acceso a programación que de otra manera sería costosa. La tarea pendiente es sostener el equilibrio entre escaparate turístico y vida cotidiana de Álamos, para que la ciudad no sea sólo fondo colonial de una cartelera, sino comunidad anfitriona de una tradición musical propia.